Todo empezó con coches pequeños. Específicamente, Hot Wheels de Mattel.
En 1969, ABC lanzó una serie animada de media hora titulada simplemente Hot Wheels. Duró dos temporadas hasta 1971. A los ojos modernos, podría parecer una caricatura nostálgica. Pero seamos realistas. Básicamente era un comercial de 30 minutos de coches de juguete.
¿Fue la primera caricatura realizada para vender una línea de juguetes existente? Sí.
¿Apareció simplemente de la nada? No.
Según La Guía de la Cultura Popular de Estados Unidos, este espectáculo fue el siguiente paso natural en un cambio que duró décadas. Los anunciantes habían estado probando la programación infantil de los sábados y domingos por la mañana durante años. Estaban presionando más. Y los niños estaban mirando.
La regla de los 16 minutos y los primeros anuncios de juguetes
La tendencia no comenzó con los velocistas de línea roja de Mattel. Todo empezó con las armas.
Burp Gun de Mattel emitió su primer comercial en 1955. Esa fue la chispa.
A finales de los años cincuenta y principios de los sesenta, el panorama de la televisión infantil había cambiado. Durante los espacios de la mañana del fin de semana dedicados a los niños, era común ver 16 minutos de publicidad por hora.
Compárese eso con las regulaciones del horario de máxima audiencia, que limitaban los anuncios a sólo 9,5 minutos por hora. La brecha era enorme.
Los anunciantes explotaron esta laguna jurídica. Llenaron las mañanas de los fines de semana con colocación de productos y argumentos de venta directa. El público estaba cautivo. Las regulaciones eran laxas.
El rechazo de la FCC
Mattel intentó una escapatoria inteligente para su programa.
Argumentaron que Hot Wheels no era un anuncio. Afirmaron que se trataba de los autos. Fue entretenimiento. Las ventas de juguetes fueron sólo una feliz coincidencia.
La Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) no se lo tragó.
El escrutinio del programa por parte del regulador efectivamente lo mató después de dos temporadas. La FCC vio más allá del disfraz de “contenido versus comercial”. Sabían lo que estaban mirando.
Este no fue el final de los comerciales de programación (PLC). Fue sólo el comienzo.
La prohibición que duró una década
Continuó la proliferación de espectáculos con juguetes. Quizás recuerdes Tarta de Fresa. O Niños Cabbage Patch.
Estos programas eran esencialmente anuncios extendidos.
En 1974, la FCC emitió una declaración de política prohibiéndolos por completo. Esta postura se mantuvo firme durante una década.
Luego llegó 1984.
La FCC relajó las reglas. Permitieron 10,5 minutos de anuncios por hora los fines de semana. Los días laborables tienen 12 minutos.
El Congreso intentó contraatacar. Aprobaron legislación para restablecer límites más estrictos.
Pero la ley no sobrevivió.
En 1988, el presidente Ronald Reagan vetó el proyecto de ley. Calificó las restricciones como una violación de la libertad de expresión.
Ganó el argumento constitucional. El canal del juguete a la televisión permaneció abierto.
De coches diminutos a éxitos de taquilla
El legado de esa caricatura de 1969 está hoy en todas partes.
La programación infantil vinculada a juguetes es ahora una práctica estándar en la industria. No son sólo dibujos animados. Son películas de acción real.
- Transformers: Una combinación fenomenalmente exitosa de juguetes, programas de televisión y largometrajes.
- Piratas del Caribe: Largometrajes de acción real vinculados a las atracciones de los parques temáticos.
Incluso antes del boom de Transformers, estaba Raggedy Ann.



















