Cómo un futuro pastor descubrió las leyes del movimiento planetario

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Johannes Kepler empezó por un camino muy diferente. Se matriculó en la Universidad de Tubinga con la intención de convertirse en teólogo. No estaba allí para mapear las estrellas. Estaba allí para estudiar las Escrituras.

Pero la dinámica del aula cambió cuando Michael Maestlin entró en escena. Maestlin fue el profesor de matemáticas de Kepler. Más importante aún, fue uno de los primeros defensores de Nicolás Copérnico. Mientras muchos todavía se aferraban a la idea de que la Tierra se encontraba en el centro del universo, Maestlin le enseñó a Kepler sobre el modelo heliocéntrico. Explicó que la Tierra y los demás planetas orbitan alrededor del Sol.

Éste era un terreno peligroso. Desafiar el orden establecido del cosmos no fue sólo un ejercicio académico. Era un campo minado teológico. Sin embargo, Maestlin no rehuyó. Le mostró a Kepler las matemáticas detrás del sistema centrado en el Sol.

Kepler escuchó. Asimiló los argumentos. Comenzó a ver el universo no a través de la lente de una teología rígida, sino a través de la lógica de la geometría y el movimiento. Esta tutoría provocó una obsesión. El estudiante que vino a estudiar a Dios terminó estudiando la mecánica de los cielos.

¿Por qué importaba esto? Porque preparó el escenario para una revisión completa de cómo entendemos nuestro lugar en el sistema solar. Kepler no aceptó simplemente la idea de Copérnico. Él iba a demostrarlo. Y lo iba a hacer con números.