La reducción de los grandes lagos en el sur del Tíbet puede estar contribuyendo directamente a la actividad sísmica en la región, según una nueva investigación publicada en Geophysical Research Letters. Los geólogos han descubierto un vínculo convincente entre la pérdida de agua de estos antiguos lagos y la reactivación de fallas geológicas inactivas, lo que sugiere que los cambios impulsados por el clima pueden influir en los procesos en las profundidades de la Tierra.
El peso del agua y la corteza cambiante
Durante milenios, el sur del Tíbet fue hogar de vastos lagos, algunos de los cuales se extendían por más de 200 kilómetros de longitud. Hoy en día, estos cuerpos de agua han disminuido drásticamente de tamaño: el lago Nam Co, por ejemplo, se ha reducido de su tamaño original. Esta reducción de masa tiene un efecto mensurable en la corteza terrestre. Los grandes lagos ejercen una presión descendente significativa; a medida que se secan, la corteza se eleva lentamente, de forma similar a como se levanta un barco cuando se retira la carga.
Este proceso no es meramente teórico. El sur del Tíbet se encuentra en una zona geológicamente activa donde las placas india y euroasiática chocan, creando una inmensa tensión dentro de la corteza terrestre. Durante millones de años, esta presión ha formado antiguas grietas (fallas) preparadas para la ruptura. El aumento de la corteza causado por los lagos que desaparecen parece estar provocando estas rupturas, que provocan terremotos.
¿Cuánto movimiento?
Los investigadores analizaron costas antiguas para determinar el alcance de la pérdida de agua. Sus modelos indican que la reducción del lago Nam Co por sí sola contribuyó a aproximadamente 15 metros de movimiento en una falla cercana hace entre 115.000 y 30.000 años. Los lagos al sur de Nam Co muestran cambios aún más drásticos, causando potencialmente hasta 70 metros de movimiento. Esto se traduce en un promedio de 0,2 a 1,6 milímetros de movimiento de fallas por año. Si bien es menor que la falla de San Andrés (alrededor de 20 milímetros al año), esto demuestra que los procesos superficiales pueden afectar significativamente la actividad tectónica.
Más allá del Tíbet: ¿un fenómeno global?
Los hallazgos desafían la visión tradicional de que los terremotos son impulsados únicamente por procesos en las profundidades de la Tierra. Matthew Fox, geólogo del University College de Londres, destaca que “los procesos superficiales pueden ejercer una influencia sorprendentemente fuerte en la Tierra sólida”. Esto significa que eventos como el derretimiento de los glaciares, la erosión causada por tormentas o incluso actividades humanas como la extracción de canteras, que eliminan grandes cantidades de roca, pueden alterar las condiciones de tensión dentro de la corteza.
El ejemplo más sustancial es el actual rebote de masas de tierra previamente cubiertas por enormes capas de hielo durante el último máximo glacial (hace unos 20.000 años). A medida que estas capas de hielo se derritieron, la corteza comenzó a elevarse, y continúa haciéndolo en la actualidad. Este levantamiento puede explicar algunos terremotos de placa media, como los poderosos terremotos que azotaron el valle del río Mississippi en 1811-1812. La teoría sugiere que siglos de estrés acumulado se liberaron cuando la tierra se recuperó después de que el hielo se derritiera.
“El cambio climático no ‘causa’ tectónica, pero puede modular las condiciones de estrés en la corteza”, explica Fox. Esto subraya la necesidad de considerar las interacciones entre la superficie y la profundidad de la Tierra en futuras evaluaciones de peligros.
El estudio demuestra que la conexión entre el clima y la geología es más fuerte de lo que se pensaba anteriormente. Si bien la tectónica sigue siendo el principal impulsor de los terremotos, los cambios en la carga superficial pueden influir significativamente en cómo y cuándo se libera esa tensión.




















