Resurgimiento del sarampión: el costo mortal de la desinformación

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Los casos de sarampión están aumentando en todo el mundo, amenazando décadas de progreso en la erradicación de la enfermedad. El resurgimiento no es sólo una crisis de salud pública; es una consecuencia directa de la desinformación generalizada, particularmente derivada de un estudio fraudulento de 1998 que vincula la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola (MMR) con el autismo. Esta investigación defectuosa, publicada a pesar de graves problemas metodológicos, impulsó un movimiento antivacunas de décadas de duración que continúa poniendo en peligro la salud pública.

El impacto global de las dudas sobre las vacunas

La Organización Mundial de la Salud (OMS) informa que varios países, incluidos el Reino Unido, España y Austria, han perdido su estatus libre de sarampión debido a la disminución de las tasas de vacunación. Estados Unidos ha experimentado su peor brote de sarampión en décadas. No se trata simplemente de incidentes aislados; El sarampión es uno de los virus más contagiosos que se conocen, capaz de causar graves complicaciones hasta en un 20% de los niños infectados, incluyendo daño cerebral, sordera e incluso la muerte. Solo en 2024, el sarampión causó aproximadamente 95.000 muertes en todo el mundo.

Más allá de la enfermedad inmediata, el sarampión debilita el sistema inmunológico, dejando a las personas vulnerables a otras infecciones durante años. Esto hace que el virus sea mucho más peligroso de lo que muchos creen.

Por qué funciona la vacunación: una ventaja biológica

La vacuna contra el sarampión es muy eficaz porque el ciclo de vida del virus brinda oportunidades para que el sistema inmunológico intervenga antes de que se generalice la infección. El virus viaja a los ganglios linfáticos, dándole tiempo al cuerpo para montar una defensa. Rigurosos estudios científicos han demostrado repetidamente que no existe ningún vínculo entre la vacuna triple vírica y el autismo. De hecho, cuando Japón suspendió temporalmente la vacuna, las tasas de autismo se mantuvieron sin cambios, lo que desacreditó aún más el mito.

Sin embargo, la inmunidad colectiva requiere una cobertura de vacunación de al menos el 95% para prevenir brotes. Incluso un pequeño porcentaje de personas no vacunadas puede permitir que el sarampión se propague rápidamente.

La erosión del progreso y el papel de la desinformación

Las tasas mundiales de vacunación contra el sarampión aumentaron del 71% en 2000 al 84% en 2010, evitando aproximadamente 60 millones de muertes. Sin embargo, el progreso ahora se está revirtiendo, particularmente en las naciones ricas. En Inglaterra y Gales, la utilización de MMR cayó al 80% después de la publicación del estudio fraudulento y ha vuelto a disminuir en los últimos años.

El problema se ve exacerbado por la difusión de propaganda antivacunas en las plataformas de redes sociales. Una búsqueda de “mmr sarampión” en X (anteriormente Twitter) arroja numerosas afirmaciones falsas, mientras que otras plataformas como Bluesky no muestran tal información errónea. Esta disparidad pone de relieve el papel de la desinformación no controlada a la hora de socavar la salud pública.

La crisis más amplia: ciencia, política y el futuro

La crisis del sarampión es parte de un patrón más amplio: la erosión deliberada del consenso científico en favor de teorías de conspiración y agendas políticas. La alineación de los multimillonarios de las redes sociales con figuras influyentes que difunden la retórica antivacunas plantea una amenaza importante. La cuestión se extiende más allá de las vacunas para incluir la ciencia climática y otras áreas críticas donde las políticas basadas en evidencia se ven socavadas por falsedades.

Los gobiernos deben abordar la difusión de información errónea con mayor urgencia. Promover la ciencia sólida y silenciar la desinformación deliberada no es solo una cuestión de salud pública, es esencial para el futuro de la humanidad.