La privación del sueño de los adolescentes aumenta en los EE. UU.

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La privación del sueño de los adolescentes aumenta en los EE. UU.

Un número creciente de estudiantes de secundaria estadounidenses padecen una falta crónica de sueño, según nuevos datos publicados en el Journal of the American Medical Association. La tendencia se ha intensificado desde 2007, lo que plantea interrogantes sobre factores sistémicos más amplios y no únicamente sobre desafíos de salud individuales.

Empeoramiento de las tendencias del sueño

En 2023, el 77% de los estudiantes de secundaria informaron haber dormido menos de las ocho a diez horas recomendadas por noche, frente al 69% en 2007. El aumento más sorprendente se produjo en los que duermen muy poco (aquellos que dormían cinco horas o menos), que saltaron del 16% al 23% durante el mismo período.

Si bien la falta de sueño (siete horas o menos) se mantuvo relativamente estable, el aumento de la privación extrema de sueño es significativo. Esto significa que cada vez más adolescentes trabajan con un descanso muy limitado, lo que podría afectar su salud, su rendimiento académico y su bienestar general.

Cambios demográficos y factores de riesgo

El aumento en la falta de sueño se observó en todos los grupos demográficos, pero el aumento fue más pronunciado entre los estudiantes negros en comparación con los estudiantes blancos. Esta disparidad resalta las desigualdades de salud existentes y la necesidad de intervenciones específicas.

Sin embargo, el estudio también encontró que incluso los estudiantes sin factores de riesgo de salud conductual identificados (como problemas de salud mental o abuso de sustancias) experimentaron aumentos similares o mayores en la privación del sueño. Esto sugiere que el problema se extiende más allá de las luchas individuales.

Problemas estructurales en juego

Los investigadores señalan que las horas de inicio temprano de la escuela secundaria son un factor importante que contribuye. Durante la pubertad, los adolescentes experimentan un cambio natural en sus ciclos de sueño-vigilia, lo que dificulta conciliar el sueño antes de las 11 p.m. y despertarse antes de las 8 a. m. Esto está relacionado con cambios en la producción de melatonina.

Obligar a los adolescentes a levantarse temprano para ir a la escuela va en contra de sus ritmos biológicos, lo que aumenta la probabilidad de una privación crónica del sueño. La tendencia generalizada en la demografía sugiere que las cuestiones sistémicas, como los horarios escolares, están prevaleciendo sobre los comportamientos individuales.

Esta tendencia es alarmante porque la privación crónica del sueño puede provocar mayores tasas de depresión, ansiedad, abuso de sustancias y accidentes automovilísticos. También afecta la función cognitiva, lo que dificulta que los adolescentes se concentren en la escuela y tengan un buen desempeño académico.

Los datos subrayan la necesidad urgente de que las escuelas y los responsables de la formulación de políticas consideren horarios de inicio más tardíos y otros cambios estructurales que respalden hábitos de sueño saludables en los adolescentes.