Un tratado internacional sin precedentes para salvaguardar la vida marina en los océanos del mundo se ha convertido oficialmente en ley. Este acuerdo histórico, conocido como Tratado de Alta Mar, establece el primer marco para proteger las aguas internacionales: las vastas áreas más allá de la jurisdicción nacional que cubren casi la mitad del planeta.
Décadas en proceso
Durante más de dos décadas, las Naciones Unidas debatieron la necesidad de un tratado de este tipo, y las negociaciones formales comenzaron en 2017. El texto finalizado faculta a las naciones para establecer zonas ambientalmente protegidas en aguas internacionales y regula las industrias oceánicas emergentes. Esto es significativo porque anteriormente estas áreas operaban en gran medida como un “salvaje oeste” con una supervisión mínima, dejando a los ecosistemas marinos vulnerables a la explotación.
Contexto: Por qué esto es importante ahora
La ratificación del tratado llega en un momento crítico. Si bien el acuerdo está en vigor, Estados Unidos aún no se ha sumado. Mientras tanto, la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA) continúa deliberando sobre reglas para la minería en aguas profundas, una práctica controvertida que podría dañar irreparablemente ecosistemas frágiles. La ISA aún no ha aprobado ninguna operación minera comercial en aguas profundas, pero las solicitudes están bajo revisión. La existencia de este tratado ejerce una presión adicional sobre la ISA para que actúe con cautela.
El camino hacia la implementación
El tratado entró oficialmente en vigor después de que Marruecos se convirtiera en la nación número 60 en ratificarlo en septiembre, lo que desencadenó una cuenta regresiva de 120 días. Hasta la fecha, 83 países han ratificado el acuerdo. Si bien las leyes internacionales son notoriamente difíciles de hacer cumplir, el tratado representa un compromiso claro de las naciones participantes de cooperar y respetar sus términos.
Un hito en materia de biodiversidad
La creación del tratado fue impulsada por el acuerdo de la ONU de 2022 para proteger el 30% de la tierra y los océanos de la Tierra para 2030, un objetivo fundamental para la biodiversidad. Actualmente, menos del 10% de alta mar (que comprende dos tercios de toda la superficie oceánica) está protegida. Como afirmó la Embajadora Rena Lee de Singapur, quien dirigió las negociaciones finales, este tratado es “una oportunidad única para marcar una diferencia positiva”.
“Esto cambia las reglas del juego”, dijo Rebecca Hubbard, directora de High Seas Alliance. “Y en muchos sentidos, el trabajo apenas comienza”.
Este tratado marca un punto de inflexión para la conservación de los océanos, aunque la verdadera prueba reside en su implementación y cumplimiento efectivos. El futuro de los ecosistemas marinos depende de una cooperación internacional sostenida y de la voluntad de priorizar la sostenibilidad a largo plazo sobre los beneficios económicos a corto plazo.
