Los museos recrean aromas históricos: desde el aliento de T. Rex hasta el coche de la reina Isabel

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Los museos utilizan cada vez más los aromas para dar vida a la historia, con exhibiciones que van desde los aromas de la momificación del antiguo Egipto hasta el interior del automóvil de la reina Isabel II. Este cambio está impulsado por un campo en crecimiento llamado “arqueología de los sentidos”, que busca reconstruir no sólo cómo era el pasado, sino también cómo se sentía, sonaba y olía.

El auge de la arqueología olfativa

Durante años, los museos han experimentado con olores para lograr experiencias inmersivas, como el paisaje olfativo de la era vikinga en el Jorvik Viking Centre. Sin embargo, el enfoque moderno está evolucionando más allá de la teatralidad: ahora se basa en análisis químicos, investigación de archivos y colaboración interdisciplinaria para crear aromas basados ​​en la precisión histórica.

La Dra. Barbara Huber, del Instituto Max Planck, ha sido pionera en este método con el proyecto “El aroma del más allá”, recreando la fragancia de los bálsamos de momificación del antiguo Egipto utilizando compuestos identificados en residuos de vasos canópicos de 3.450 años de antigüedad. ¿El resultado? Un complejo aroma a cera de abejas, resina de pino y cumarina, descrito como cálido pero no del todo agradable, que permite a los visitantes experimentar de forma tangible esta antigua práctica.

De los dinosaurios a la realeza: la gama de aromas reconstruidos

El alcance de estas reconstrucciones se está ampliando. Los especialistas en olfato incluso han recreado el aliento de un Tyrannosaurus rex basándose en evidencia fósil y aportaciones paleontológicas. Más recientemente, los investigadores analizaron el aire dentro del Rover P5B de la reina Isabel II, desarrollando un perfil olfativo a través de investigaciones históricas, análisis químicos y entrevistas con coleccionistas de automóviles clásicos.

Otro proyecto revivió una receta de pomo del siglo XVI, un accesorio fragante utilizado para protegerse de las enfermedades, que combinaba ámbar gris, almizcle, algalia, rosa, clavo, nuez moscada, canela y sándalo. El objetivo no es sólo la novedad; Los investigadores enfatizan que el olor puede hacer que la historia sea más tangible y revelar aspectos del patrimonio cultural que se pasan por alto.

El futuro de la preservación olfativa

Algunos imaginan un “museo de olores” específico e iniciativas como el “inventario de olores” del Reino Unido, un proyecto que pide al público que nomine olores que valga la pena preservar para las generaciones futuras. Al involucrar el sentido del olfato, los museos desafían las interpretaciones del pasado centradas en la visión y descubren capas ocultas del patrimonio.

Como explica la Dra. Cecilia Bembibre del University College de Londres: “Nuestra interpretación del patrimonio se centra en gran medida en la visión, pero cuando las personas usan sus narices como herramientas para comprender, a menudo cuestionan nuestra forma de pensar sobre el pasado”.