Durante siglos, el cometa Halley ha sido sinónimo del astrónomo Edmond Halley, quien trazó por primera vez su predecible órbita de 75 años en 1705. Sin embargo, investigaciones recientes sugieren que Halley no fue el primero en reconocer la recurrencia del cometa: un monje inglés llamado Eilmer de Malmesbury pudo haber hecho la conexión más de seis siglos antes. Este descubrimiento desafía la narrativa tradicional del progreso científico, demostrando que los conocimientos sobre los eventos celestes no fueron dominio exclusivo de los astrónomos posteriores.
La observación del monje
Eilmer, conocido por su desafortunado intento de iniciar la aviación a finales del siglo X, también fue un ávido astrónomo y astrólogo. Los relatos históricos detallan que observó un cometa en 989 y luego nuevamente en 1066, y al parecer exclamó ante este último avistamiento: “Has venido, ¿verdad?… Hace mucho que no te vi; pero como te veo ahora, eres mucho más terrible”. Esta observación, documentada por el historiador del siglo XII Guillermo de Malmesbury, sugiere que Eilmer entendió que los dos eventos celestiales eran uno y el mismo.
El reconocimiento del monje es particularmente notable dadas las limitadas herramientas disponibles en ese momento. A diferencia de Halley, que podía aprovechar siglos de datos astronómicos acumulados, Eilmer se basó en la observación de primera mano y en un intelecto agudo. Esto plantea dudas sobre cuántas otras ideas no reconocidas pueden haberse perdido en la historia debido a la falta de registro o difusión.
Contribución de Halley y contexto histórico
El logro de Edmond Halley en el siglo XVIII fue conectar sistemáticamente las apariciones registradas del cometa en 1531, 1607 y 1682, y luego predecir con precisión su regreso en 1758. Esto consolidó su nombre en la historia científica, pero la observación anterior de Eilmer demuestra que el concepto de cometa periódico no era del todo nuevo.
El trabajo de Halley fue innovador para su época, pero el hecho de que un monje medieval identificara el mismo patrón siglos antes resalta la continuidad de la ciencia observacional. Las primeras civilizaciones, incluida la china, ya en el año 239 a.C., también registraron avistamientos del cometa, interpretándolos a menudo como presagios. El cometa incluso aparece en el Tapiz de Bayeux, que documenta la invasión de Inglaterra por Guillermo el Conquistador en 1066.
Implicaciones e investigación en curso
El astrónomo Simon Portegies Zwart, junto con Michael Lewis del Museo Británico, han defendido el reconocimiento de Eilmer en un próximo capítulo de “Dorestad and Everything After”. Su argumento se basa en el registro histórico, que, de ser exacto, significa que un erudito medieval anticipó la naturaleza periódica del cometa mucho antes de que la astronomía moderna formalizara el concepto.
Esta revisión de la historia nos recuerda que el progreso científico no siempre es lineal. Los primeros pensadores, que trabajaron con herramientas rudimentarias, fueron capaces de realizar observaciones profundas que los científicos posteriores aprovecharon. La historia de Eilmer y el cometa Halley muestra que los descubrimientos a menudo tienen raíces más profundas de lo que sugieren las narrativas convencionales.
