Los cerebros de los superenvejecientes muestran una capacidad notable para producir nuevas células

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Una nueva investigación revela que la salud cognitiva excepcional en los adultos mayores está relacionada con tasas sorprendentemente altas de neurogénesis (el crecimiento de nuevas células cerebrales) incluso en etapas avanzadas de la vida. El estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Illinois en Chicago, encontró que las personas con una retención de memoria superior (“superagers”) tienen aproximadamente el doble de neuronas en desarrollo en su hipocampo (el centro de la memoria del cerebro) que sus pares que envejecen con mayor frecuencia. Este descubrimiento es importante porque desafía la creencia arraigada de que la neurogénesis se detiene en la edad adulta y proporciona información crítica sobre la biología del envejecimiento saludable y la prevención de la demencia.

El largo debate sobre la neurogénesis en adultos

Durante décadas, los científicos debatieron si los cerebros humanos adultos podrían incluso generar nuevas neuronas. Las primeras investigaciones realizadas en 1998 sugirieron que los adultos podrían producir nuevas células cerebrales, pero estudios posteriores cuestionaron esto, indicando que la neurogénesis podría cesar durante la adolescencia. Sin embargo, trabajos recientes han vinculado cada vez más la neurogénesis con la salud cognitiva, particularmente en el contexto de la enfermedad de Alzheimer. Las personas con Alzheimer muestran una marcada reducción en la neurogénesis en comparación con las personas sanas, lo que sugiere que la capacidad del cerebro para crear nuevas células es esencial para mantener la función cognitiva.

Hallazgos del estudio: los superenvejecidos lideran el camino

El nuevo estudio analizó el tejido cerebral postmortem de cinco grupos: adultos jóvenes, adultos mayores sanos, ancianos, personas con patología preclínica de Alzheimer y aquellos diagnosticados con Alzheimer. Los investigadores examinaron casi 360.000 núcleos celulares y rastrearon la progresión de las células desde células madre hasta neuronas inmaduras. Los resultados fueron sorprendentes.

Los superalimentos exhibieron el doble de neurogénesis que otros adultos mayores sanos. Esto sugiere que una capacidad persistente para crear nuevas neuronas es un factor clave para mantener una función superior de la memoria. Además, el estudio encontró que los individuos con Alzheimer preclínico mostraban signos tempranos de disminución de la neurogénesis, mientras que aquellos con Alzheimer en toda regla tenían significativamente menos neuronas inmaduras.

Resiliencia genética y molecular

El estudio no se detuvo en el recuento de células. El análisis genético reveló que las células neuronales de los superadiles tenían una mayor actividad en genes relacionados con conexiones sinápticas más fuertes, plasticidad cerebral y factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), una proteína vital para la supervivencia y el crecimiento neuronal. Estos hallazgos apuntan a una estructura cerebral resistente que no solo genera nuevas células sino que también refuerza las conexiones existentes.

“Siempre hemos dicho que las personas mayores demuestran que el cerebro que envejece puede ser biológicamente activo, adaptable y flexible, pero no sabíamos por qué”, dice la neuropsiquiatra Tamar Gefen de la Universidad Northwestern. “Esta es una prueba biológica de que sus cerebros son más plásticos… la neurogénesis de las neuronas jóvenes en el hipocampo puede ser un factor contribuyente”.

Implicaciones para terapias futuras

La investigación enfatiza que el cerebro que envejece no está condenado al deterioro. Identificar factores que promuevan la neurogénesis podría conducir a intervenciones terapéuticas destinadas a preservar la salud cognitiva. Más investigaciones se centrarán en los factores del estilo de vida y las influencias ambientales que pueden estimular la neurogénesis, lo que podría abrir puertas a estrategias para aumentar la resiliencia cerebral en más personas. El autor principal del estudio, Ahmed Disouky, señala que este trabajo demuestra que el envejecimiento del cerebro no es fijo, lo que sugiere la posibilidad de intervenciones para mantener la memoria y la función cognitiva a medida que envejecemos.