El exterior rugoso de los árboles alberga un vasto mundo de microbios, en gran parte no estudiado, que desempeñan un papel sorprendente en la regulación de los gases de efecto invernadero. Los científicos apenas están comenzando a comprender cómo esta “caulosfera” (el hábitat microbiano en la corteza de los árboles) influye en la química atmosférica. Con una superficie total que rivaliza con la masa terrestre del mundo, la corteza de los árboles alberga billones de bacterias, e investigaciones recientes sugieren que estos pequeños organismos pueden tener un impacto significativo en el clima global.
La escala del mundo oculto
La magnitud de la vida microbiana de la corteza de los árboles es asombrosa. Un solo metro cuadrado de corteza puede albergar más de 6 billones de bacterias, cifras comparables a las que se encuentran en suelos fértiles. Durante años, este hábitat ha sido pasado por alto, pero representa una inmensa reserva de actividad biológica sin explotar. El análisis genético revela que las familias bacterianas dominantes (Acidobacteriaceae, Mycobacteriaceae y Acetobacteraceae) son en gran medida desconocidas para la ciencia.
Metabolismo microbiano y gases de efecto invernadero
Estas bacterias no son meros pasajeros de los troncos de los árboles. Consumen activamente hidrógeno (H2), monóxido de carbono y metano, todos ellos gases de efecto invernadero clave. Si bien el hidrógeno en sí no es un agente de calentamiento primario, puede amplificar la potencia del metano en la atmósfera. La capacidad de los microbios de la corteza para procesar estos gases no es constante. En ambientes ricos en oxígeno, absorben estos gases, pero en condiciones de inundación (como pantanos), pueden producirlos.
Impacto global e incertidumbres
Los investigadores estiman que los microbios de la corteza consumen globalmente entre 600 y 1600 millones de kilogramos de hidrógeno al año, eliminando potencialmente hasta el 2% del hidrógeno atmosférico total. Esta es la primera vez que los científicos cuantifican esta contribución, destacando cómo los árboles hacen algo más que secuestrar dióxido de carbono en su madera. Al influir en la vida útil del metano, los microbios de la corteza podrían ser un factor crítico, aunque hasta ahora no reconocido, en la regulación del clima.
Sin embargo, los datos actuales se limitan a ocho especies de árboles australianos. El panorama global completo sigue siendo incierto y se necesita más investigación para comprender cómo los diferentes tipos de bosques, especies y comunidades microbianas afectan el ciclo de los gases de efecto invernadero. Las interacciones entre hongos y bacterias en la corteza también requieren más investigación.
Comprender estos procesos microbianos es crucial, ya que revelan una capa adicional de complejidad en el sistema climático de la Tierra. Al reconocer el papel oculto de la corteza de los árboles, los científicos están descubriendo nuevas vías para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero y mejorar los modelos climáticos.


















