Control de armas nucleares: el fin inminente de los tratados entre Estados Unidos y Rusia

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El mundo está en camino de entrar en una nueva era peligrosa en febrero de 2026: la expiración del nuevo tratado START, el último acuerdo importante que limita los arsenales nucleares de Estados Unidos y Rusia. Por primera vez en décadas, no habrá restricciones impuestas por tratados a las dos potencias nucleares más grandes del mundo. Si bien se debate el impacto real del tratado en la seguridad global, la perspectiva de ningún reemplazo es ahora ampliamente aceptada. Este cambio se produce en un contexto de crecientes tensiones, lo que hace cada vez más improbable un nuevo acuerdo.

El colapso del control de armas

Históricamente, Estados Unidos y Rusia se han basado en tratados como START I (1991) y Nuevo START (2011, ampliado hasta 2026) para regular las armas nucleares y facilitar las inspecciones. Las conversaciones sobre la renovación o sustitución del Nuevo START se han estancado y ambos países ya se han retirado de los protocolos de inspección recíproca. La invasión rusa a gran escala de Ucrania en 2022 aceleró este deterioro, y ahora ambas partes discuten abiertamente la reanudación de las pruebas nucleares, una escalada simbólica con pocos beneficios prácticos más allá de mostrar determinación.

El problema central no es sólo la desconfianza, sino también las prioridades estratégicas divergentes. Estados Unidos ahora considera que el creciente arsenal de China (600 armas, en rápida expansión) es una preocupación primordial junto con Rusia (más de 5.000 armas). Washington duda en limitar su propio arsenal a niveles comparables a los de Rusia si eso significa ser superado por China. Mientras tanto, es poco probable que Rusia acepte un acuerdo que le dejaría con menos bombas que Estados Unidos. La falta de voluntad de China para unirse a cualquier acuerdo limitante complica aún más las cosas.

¿Es el control de armas incluso efectivo?

Algunos expertos cuestionan si los tratados reducen fundamentalmente el riesgo de una guerra nuclear. Mark Bell, de la Universidad de Minnesota, sostiene que los tratados pueden ahorrar dinero y fomentar la cooperación, pero no eliminan el principal elemento disuasivo: la destrucción mutua asegurada. El verdadero estabilizador, según esta visión, no son los tratados sino las consecuencias catastróficas del conflicto nuclear en sí.

Sin embargo, otros analistas advierten que el fin del tratado aumenta el riesgo de una escalada. Stephen Herzog, ex funcionario del Departamento de Energía de Estados Unidos, dice que la falta de transparencia y la competencia desenfrenada en un mundo con líderes cada vez más impredecibles hace que una guerra nuclear sea más probable. La eliminación del Nuevo START elimina una medida vital de fomento de la confianza y acelera la carrera armamentista.

¿Qué queda?

Existen otros tratados nucleares, pero son mucho menos efectivos:

  • Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares: Apunta a la erradicación total pero carece de apoyo de las potencias nucleares.
  • Tratado sobre No Proliferación de Armas Nucleares: No limita los arsenales existentes.

Sólo el Nuevo START exigió que las superpotencias rindieran cuentas.

El camino a seguir (o la falta del mismo)

Una extensión a corto plazo, tal vez mediada por figuras como Donald Trump y Vladimir Putin, es posible, pero es poco probable que conduzca a una solución a largo plazo. Estados Unidos también ha debilitado su propia infraestructura de control de armas al despedir a negociadores e inspectores, lo que podría darle a Rusia una ventaja.

La expiración del Nuevo START marca un cambio peligroso hacia un panorama nuclear menos predecible y más volátil. La lógica subyacente sigue siendo: la amenaza de aniquilación previene el conflicto, pero la ausencia de salvaguardias aumenta el riesgo de errores de cálculo y de escalada. El mundo está entrando en una era en la que la única limitación a las armas nucleares puede ser el miedo a utilizarlas.