Las bacterias diseñadas en la crema podrían prevenir la congelación y la hipotermia

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Los científicos han modificado genéticamente bacterias de la piel para detectar caídas de temperatura y aumentar la producción de calor, lo que ofrece una nueva defensa potencial contra la congelación y la hipotermia. El avance, presentado en la conferencia Biología Sintética para la Salud y la Sostenibilidad, implica modificar Cutibacterium acnes, un microbio común de la piel, para generar significativamente más calor cuando se expone al frío.

Cómo funciona: aprovechar los microbios naturales de la piel

Investigadores de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona utilizaron la tecnología de edición de genes CRISPR para alterar los procesos metabólicos de las bacterias. Impulsaron la producción de una proteína llamada arcC, aumentando directamente la producción de calor. Paralelamente, modificaron C. acnes para detectar temperaturas superiores a 32 °C (90 °F) utilizando genes sensibles al calor, lo que activa una señal fluorescente.

La idea clave es que nuestra piel ya alberga estos microbios. En lugar de introducir elementos extraños, los científicos están reutilizando lo que ya está ahí. Este enfoque minimiza el posible rechazo o problemas de respuesta inmune.

Aplicaciones potenciales más allá de la supervivencia

Las implicaciones se extienden mucho más allá de las expediciones polares y el buceo en aguas profundas, como se sugirió inicialmente. La tecnología podría proporcionar una solución para las personas que viven en climas fríos sin acceso a calefacción confiable, o incluso para los trabajadores al aire libre expuestos al frío extremo.

“Se trata de un trabajo muy creativo… generar calor es importante en muchas aplicaciones”, señala Harris Wang, de la Universidad de Columbia, que no participó en la investigación.

Desafíos restantes y próximos pasos

Antes de su uso generalizado, aún quedan varios obstáculos. El equipo debe combinar las funciones de detección de temperatura y producción de calor dentro de la misma cepa bacteriana, asegurándose de que responda a temperaturas que caen, no solo a las que aumentan.

Lo más importante es que será necesario un mecanismo de “interruptor de apagado”. Los investigadores están explorando formas de desactivar las bacterias cuando ya no sean necesarias, previniendo el sobrecalentamiento u otros efectos secundarios imprevistos. Los experimentos preliminares sugieren que el C. acnes puede sobrevivir en una formulación a base de crema, pero se requieren más pruebas en muestras de piel humana y modelos animales.

El trabajo representa una prueba de concepto de que se pueden diseñar bacterias de la piel para regular el calor, abriendo una nueva frontera en la gestión térmica personalizada.