La predisposición genética domina la esperanza de vida humana, según un estudio

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Una nueva investigación sugiere que si bien los hábitos saludables son importantes, tus genes son el principal determinante de cuánto tiempo vivirás. Un estudio publicado el jueves en Science encontró que los factores genéticos dictan de manera abrumadora la esperanza de vida, lo que significa que incluso el estilo de vida más saludable solo puede extender la longevidad hasta un límite genéticamente predeterminado.

El hallazgo principal: la genética por encima del estilo de vida

Los investigadores dirigidos por Uri Alon en el Instituto Weizmann de Ciencias llegaron a esta conclusión después de analizar datos de múltiples fuentes, incluidos estudios suecos de gemelos (ambos gemelos idénticos criados juntos y separados) y un conjunto de datos de hermanos de centenarios estadounidenses. El objetivo era aislar las contribuciones genéticas a la longevidad de factores externos como accidentes o infecciones. Lo que encontraron: el envejecimiento es en gran medida hereditario, lo que desafía la sabiduría médica convencional que enfatiza el poder de la dieta, el ejercicio y otras intervenciones en el estilo de vida.

Cómo funcionó el estudio

Los investigadores utilizaron varios conjuntos de datos para garantizar la generalización. El análisis de gemelos, en particular de aquellos criados por separado, permite a los científicos controlar los entornos compartidos y centrarse en la influencia genética. La inclusión de hermanos de familias longevas fortaleció los hallazgos. Los resultados mostraron que, si bien los factores externos pueden afectar cómo alguien muere (por ejemplo, por enfermedad versus accidente), la edad final de muerte está fijada en gran medida por la predisposición genética.

Por qué esto es importante

Esta investigación tiene implicaciones sobre cómo abordamos el envejecimiento. Si bien los comportamientos saludables son cruciales para la calidad de vida, es posible que no extiendan significativamente la esperanza de vida máxima más allá del potencial genético de un individuo. Por ejemplo, si su herencia genética sugiere una esperanza de vida máxima de 80 años, ninguna cantidad de ejercicio o dieta probablemente elevará ese límite a 100. Esto también plantea cuestiones éticas sobre las pruebas genéticas y el potencial de la medicina preventiva personalizada basada en los rasgos inherentes de la longevidad.

El estudio subraya que la genética desempeña un papel dominante en la determinación de la esperanza de vida humana. Las elecciones de estilo de vida pueden mejorar la salud durante esos años, pero no pueden superar un techo genético predeterminado.